El cine cubano en un año de rupturas y definiciones: 1961 (Parte III)

24 junio, 2021

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Desde sus comienzos, el ICAIC se propuso la realización de coproducciones con varios países, en especial del llamado campo socialista. El primer proyecto, surgido en medio del Festival de Cine de Moscú, al cual asistió una delegación presidida por Alfredo Guevara, fue el de una película sobre la gesta revolucionaria que uniría a las cinematografías de Cuba y la Unión Soviética. El 16 de octubre llegan al aeropuerto de La Habana el famoso realizador Mijaíl Kalatózov y el director de fotografía Serguéi Urusevsky. El joven poeta Evgueni Evtushenko, que por esta época congregaba multitudes en sus recitales, se une a ellos. Tres días después, en un encuentro con la prensa, informan sobre la película que pretenden realizar, aún sin título.

El Cine de Arte ICAIC, pronto sede de las funciones de la Cinemateca de Cuba, programa el día 22 Cuando vuelan las cigüeñas y La carta que no se envió, como homenaje a la presencia en Cuba de su realizador y fotógrafo. La dirección del ICAIC designa al joven cineasta Enrique Pineda Barnet como guía para acompañarlos en un recorrido por toda la Isla y ofrecerles información de todo tipo y concertarles disímiles entrevistas con el fin de poder escribir el guion de la película que se proponen realizar. Faltan aún dos años para el 26 de febrero de 1963, fecha de inicio del rodaje de Soy Cuba con la secuencia filmada en el barrio marginal Las Yaguas, en las afueras de La Habana, poco antes de ser demolido para que quienes habitaban en tan paupérrimas condiciones pudieran ser trasladados a nuevos apartamentos.

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Paralelamente a los primeros pasos de esa coproducción con la URSS, el ICAIC sostuvo conversaciones con funcionarios de la industria fílmica de Checoslovaquia con el propósito de producir una película también sobre el tema de la Revolución, la cual sería Para quién baila La Habana, dirigida por Vladimir Cech con la asistencia de los jóvenes cubanos Octavio Cortázar y Manuel Herrera; en el guion, junto al escritor checo Jan Prochazka, colaboró nada menos que Onelio Jorge Cardoso, nuestro cuentero mayor. El veterano director alemán Kurt Maetzig trabajaba por estos meses de 1961 en el guion de la primera coproducción entre Cuba y la República Democrática Alemana, titulado en un principio Operación Preludio y luego,Preludio 11. Las dos se filmarían en 1963.

A fines de ese mismo año 1963 se estrenaría la cuarta coproducción, esta vez con Francia, El otro Cristóbal, dirigida por Armand Gatti. Una sátira de fantásticos símbolos muestra la rebelión de un pueblo sojuzgado por la dictadura de un país imaginario de América Latina. Fue la primera ocasión en que el ICAIC es representado en el Festival de Cannes. Como asistente de dirección debuta Rogelio París y el reparto lo encabezó el actor galo Jean Bouise y un nutrido conjunto de intérpretes de la Isla.

Pero volvamos atrás, a esos doce intensos meses de 1961, en el transcurso de los cuales el ICAIC suscribió convenios de colaboración con la entidad homóloga de la República Socialista de Checoslovaquia. Mediante estos acuerdos viajaron a Cuba técnicos y directores cinematográficos de ese país para contribuir a la formación del personal especializado cubano y planificar y desarrollar nuestra industria fílmica. En la misma medida se trasladaron a Praga jóvenes cineastas criollos para cursar estudios y ampliar sus conocimientos técnicos y artísticos.

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El ICAIC fundó dos nuevas áreas de trabajo: el Centro de Información Cinematográfica, con la responsabilidad de crear archivos, promover la publicidad y fomentar las relaciones con la prensa nacional y extranjera y, a finales de septiembre, el Departamento de Divulgación Cinematográfica destinado a organizar las 32 unidades de cine-móvil, perfectamente equipadas, que van a constituir una verdadera revolución al llevar el cine a los lugares más intrincados y recónditos de la geografía insular.

Camiones, vehículos de tracción animal, lanchas y los más diversos medios de transporte llegaron a las zonas más remotas e inaccesibles. En algunas de ellas vieron el cine por primera vez, como registrara Octavio Cortázar en su clásico documental Por primera vez (1967). El ICAIC contribuye con el incipiente movimiento de cineclubes al ofrecer alrededor de 600 proyecciones de sus documentales en los locales de diferentes organizaciones revolucionarias y obreras. Gracias al derroche de ingenio e iniciativas criollas, el invento de los hermanos Lumière deviene en esta pequeña isla caribeña arte de la pantalla en movimiento.

A principios de noviembre de 1961 se programa una muestra de películas procedentes de la República Democrática Alemana. Ese mes el ICAIC inaugura el Departamento de Afiches con la gestión personal de Saúl Yelín, director de Relaciones Internacionales de la institución, e integrado en un principio por los diseñadores Rafael Morante, Eduardo Muñoz Bachs y otros que se incorporan a su plantilla, como Antonio Fernández Reboiro, René Azcuy y Antonio Pérez (Ñiko). Pronto este equipo de artistas creará una obra con identidad propia de gran resonancia internacional a través de la técnica artesanal conocida como silk screen.

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Del 11 al 17 de diciembre la segunda Semana de Cine Soviético presentó un conjunto de relevantes títulos, entre estos,Cielo despejado, realizado por Grigori Chrújrai. Asistieron especialmente los dos intérpretes protagónicos, Evgueni Urbanski y Nina Dobrisheva, entre varios funcionarios de la cinematografía de la URSS. Del total de 207 producciones procedentes de seis países socialistas exhibidas por el ICAIC en 1961, 57 fueron de nacionalidad soviética.

El Departamento de Dibujos Animados termina cinco títulos incluidos entre los clásicos en esta categoría en la historia del cine cubano: AEIOU, La quema de la caña, El realengo, Remember Girón y El tiburón y las sardinas. Todos fueron dirigidos por Jesús de Armas, al frente de un equipo de fundadores que incluyó a Hernán Henríquez en la dirección de animación, el fotógrafo Pepín Rodríguez, los diseñadores Eduardo Muñoz Bachs y Tulio Raggi y el editor y sonidista Lucas de la Guardia, entre otros noveles creadores. Al cierre de 1961, año decisivo en estos tiempos fundacionales, se encontraban en proceso de realización varios cortos, como El cowboy y Cuba sí, yanquis no, ambos de Jesús de Armas, y la presentación animada de los créditos de la película Las doce sillas, tras colaborar en los documentales Carnaval y Napoleón de gratis.

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La selección anual hecha por la crítica especializada nacional de los mejores filmes estrenados incluyó en la categoría de largometraje a Realengo 18, de Óscar Torres; en la de animado, El tiburón y las sardinas, realizado por Jesús de Armas; y en el apartado de los documentales figuraron cuatro títulos: ¡Muerte al invasor!, de Gutiérrez Alea; Guacanayabo, de Manuel Octavio Gómez;Y me hice maestro, de Jorge Fraga; y Cinco picos, de Manuel Pérez Paredes.

El boletín Documental, de distribución interna entre el personal del Departamento de Cortometrajes del ICAIC, publicado de forma mimeografiada entre marzo de 1961 y agosto de 1962, cerraba sus ediciones con un cuadro de calificaciones que reflejaba las votaciones de los propios cineastas de la institución sobre los documentales estrenados. Según el cómputo de los títulos que reunieron la mayor cantidad de votos en el año 1961 figuran: Tierra olvidada, Esta tierra nuestra, Asamblea general, El negro, La vivienda, Sexto aniversario, Patria o muerte, Los tiempos del joven Martí, ¡Muerte al invasor!, Médicos de la Sierra, Habla un campesino, La Colina Lenin y los realizados en Cuba por cineastas extranjeros Carnet de viaje y Cuba, pueblo armado, por el holandés Joris Ivens; Alba de Cuba, por el soviético Roman Karmen; y Made in USA, de Joe Massot.

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Aunque el número de participantes variaba de un número a otro de Documental, modesta publicación devenida de obligada referencia sobre la evolución de esta categoría en el nuevo cine cubano, generalmente otorgaron sus votos José Massip, Jorge Fraga, Manuel Octavio Gómez, Fausto Canel, Fernando Villaverde, Manuel Pérez, Roberto Fandiño, Alberto Roldán, Joe Massot, Juan José Grado y Octavio Cortázar, a quienes se sumaron en algunas ediciones Sara Gómez, Nicolás Guillén Landrián, Luis López y Rosina Prado.

Al finalizar 1961, el ICAIC había realizado 233 000 proyecciones de películas en las más de 500 salas de la isla, para alcanzar la significativa cifra de 51 394 112 espectadores, en un país de 7, 26 millones de habitantes.

Alfredo Guevara, en el curso de su intervención en un consejo de dirección del ICAIC, sintetiza las coordenadas del trabajo de la primera institución fundada por la Revolución mediante la primera ley promulgada en el terreno cultural:

“Desde principios del Instituto siempre planteamos lo siguiente: no se adscribe el Instituto a una posición ideológica determinada, no se adscribe el Instituto a una posición estética determinada. Nosotros estamos en búsqueda del camino, tenemos que aprovechar todas las experiencias, tenemos que mirar en todas las direcciones, tenemos que asimilar todos los aportes técnicos profesionales o experimentales, como sea, y con toda esa riqueza y creando un repertorio de trabajos ya realizados, nosotros podemos ir tanteando en búsqueda de las formas de expresión nacional. Nunca afirmamos que fuera una ni que fueran diez vías. Ahora bien, sí queríamos encontrar las formas de expresión nacional, queríamos encontrar el espíritu de nuestro pueblo, el carácter de nuestro pueblo”2.

Referencia bibliográfica:

2 Guevara, A. (2003). Tiempo de fundación. Iberautor Promociones Culturales S. L., p. 92.

(Tomado de CubaCine)

Por Luciano Castillo. Dir. de la Cinemateca de Cuba




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