HISTORIA DEL CINE 23 Y 12

12 julio, 2018

El prominente empresario Edelberto de Carrerá añadió en 1942 a su cadena de cines de La Habana otra sala inaugurada con el nombre de Astor, sita en 23 y 12, Vedado, no pasando de ser un modesto «cine de barrios», aunque con una capacidad para mil personas en la platea y quinientas en el balcony.

En 1947 pasó a integrar un extenso circuito cinematográfico del consorcio formado por los empresarios Edelberto de Carrerá, Carlos M. Sánchez y Eduardo Donestévez. Es adquirido en 1950 por Antonio Helier Rodríguez Cintra, hijo de Antonio Rodríguez Vázquez, ilustre miembro del Centro Gallego de La Habana, y dueño del teatro América. Fue cerrado por reformas y adquirió una nueva imagen, con mayor espacio y confort su vestíbulo, cómodas butacas, nuevo equipo de aire acondicionado, nueva pantalla y todo nuevo, incluso el nombre que rezaba en lo más alto del frontal (se mantiene aún) 23 y 12, con vistosa marquesina (esa ya no existe) donde se anunciaba la película que se exhibía. Su reapertura fue el 23 de febrero de 1952 con un programa doble realmente antológico si se tiene en cuenta que se trataba de un clásico del cine musical: An American in Paris (estrenada con el título comercial de Sinfonía de París), dirigida por Vincente Minnelli, y protagonizada por Gene Kelly y Leslie Caron, y El gran Caruso, de Richard Thorpe, con Mario Lanza y Ann Blyth. Los títulos escogidos fueron muy apropiados para este nuevo cine, dotado de una acústica perfecta.

De inmediato el cine 23 y 12 pasaría a incorporarse al circuito América, que comprendía los cines Radio Cine (vecino del América) de la calle Galiano, el Avenida de la calle 41 en Marianao y el Rodi (actual teatro Mella) en construcción en esa fecha, en la calle Línea del Vedado.

Durante los años de 1953 hasta 1959 tuvieron lugar en esta sala, los lunes, con una frecuencia semanal, funciones del Cine Club patrocinado por el Centro Católico de Orientación Cinematográfica (C.C.O.C.) con filmes debidamente clasificados por esta institución.

Por el escenario del cine 23 y 12, dedicado exclusivamente a funciones cinematográficas, desfiló la genial ballerina Alicia Alonso, con una actuación exclusiva y única de su compañía la noche del 29 de junio de 1953, y, años más tarde, el cantor español Pedrito Rico, que actuó igualmente en una sola presentación el 28 de noviembre de 1958, y además con la exhibición en la pantalla de su película El ángel de España.

            En 1960 obtuvieron gran resonancia, por su contribución a un mejor conocimiento de la historia del cine, los cine debates populares programados allí, que conducía el notorio crítico Mario Rodríguez Alemán. El ciclo exhibido puso a consideración del público asistente verdaderas obras maestras de la cinematografía como Muerte de un ciclista, de Juan Antonio Bardem, Las amigas, de Michelangelo Antonioni, Los siete samuráis, de Akira Kurosawa, y El acorazado Potemkin, de Serguei Eisenstein, entre otras.

Desde el año 1985 esta céntrica sala es una de las sedes del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, evento de envergadura que con tanto beneplácito ha sido acogido en nuestro país y que goza de prestigio internacional.

A partir del año 2014 el cine 23 y 12 es sede permanente de las funciones de la Cinemateca de Cuba, que incluyen, además, la inauguración periódica de exposiciones en su galería, así como clases magistrales impartidas por cineastas tan importantes como el iraní Abbas Kiarosami, la japonesa Naomi Kawase y el alemán Werner Herzog, entre otros. Los fines de semana se presta especial atención a los espectadores del futuro inmediato con la programación de la Cinemateca Infantil y Juvenil, está antecedida por espectáculos con payasos y magos en la escena.

La dirección de la Cinemateca de Cuba aspira a convertir el cine 23 y 12 en una multisala que contará, además, con una cafetería y con la apertura de la primera librería especializada en cine y medios audiovisuales en la isla.

Pedro Urbezo




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