HISTORIA DEL CINE CHARLES CHAPLIN

12 julio, 2018

El cine Atlantic fue inaugurado el 24 de marzo de 1951. Su propietario, Mauricio de Almagro Ariosa, se dio a la tarea de construir esa moderna instalación en la calle 23 entre 10 y 12, Vedado, en los bajos del Edificio Artalejo (hoy ICAIC). Su empresario, Felipe García Cañizares, estableció en sus inicios un proyecto de programación a base de dos películas, fundamentalmente de procedencia norteamericana, con cambios dos veces por semana. Meses después pasó a formar parte de la cadena de cines del circuito Cañizares, que incluía los cines Astral y Ambassador, también propiedad de Almagro y otros, consagrada a la exhibición de filmes de estreno, de Estados Unidos en su mayoría y, en ocasiones, de la cinematografía europea.

Atlantic, dotado de aire acondicionado, cómodas butacas y una capacidad para 1500 espectadores, reunía todo el confort requerido para las salas cinematográficas de la calle 23, conjuntamente con el Riviera y el Radiocentro (hoy Yara). Una hermosa marquesina en el frontal señalaba el título del filme de estreno. Entre otras, se destacaron las producciones de la Universal El monstruo de la laguna negra (Creature from the black lagoon, 1954), de Jack Arnold, y El crimen de la semana, en la modalidad de 3D, que ya ganaba notoriedad en los inicios de la década de los años cincuenta del siglo XX. Los espectadores la disfrutaban con unos espejuelos especiales adaptados para obtener la ilusión de la imagen tridimensional, que podían adquirirse a la entrada.

En 1954 se le instaló la pantalla panorámica para el Cinemascope, la maravilla anamórfica que se veía sin espejuelos. A mediados de 1955 el empresario Cañizares firmó un contrato con la Cofram (Consorcio Franco Americano), distribuidora de películas europeas, con el fin de presentar en el circuito cintas francesas. En 1957 volvió a exhibir producciones fílmicas norteamericanas de los estudios Universal y de la distribuidora United Artists.

En 1960 estrena, con carácter de exclusividad, en el novedoso sistema Todd-AO, gigantesca panorámica de 70 mm y sonido magnético estereofónico de ocho bandas, la monumental producción Salomón y la reina de Saba (Solomon and Sheba, 1959), dirigida por King Vidor, con Yul Brynner y Gina Lollobrígida en los roles principales; Al sur del Pacífico (South Pacific, 1958), musical realizado por Joshua Logan, con Rossano Brazzi y Mitzi Gaynor como protagonistas, y Can Can, una buena versión del musical de Cole Porter, llevada al cine por Walter Lang, con las actuaciones de Frank Sinatra, Shirley MacLaine y Maurice Chevalier. Las semanas que se mantuvieron en cartelera estos filmes provocaron largas colas frente a la taquilla en la que fue frecuente la aparición del inevitable anuncio de «Agotadas las localidades».

El Atlantic cambia de nombre dos veces

          El 24 de marzo —curiosamente coincide con la fecha de inauguración de este cine— de 1959 fue creado el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) que en sus inicios ocupó apenas unas oficinas en el quinto piso del edificio. Dos años más tarde, el primero de diciembre de 1961, la Cinemateca de Cuba comienza su labor de exhibición de filmes en esta sala permanente denominada entonces Cine de Arte ICAIC. El acorazado Potemkin (Bronenósets Potiomkin, 1925), clásico de la historia del cine dirigido por Serguei M. Eisenstein, fue el primer título exhibido ese día en función inaugural del ciclo «Tres décadas de cine soviético».

A partir de esa fecha, la sala devino, además, espacio histórico de las premières del nuevo cine cubano producido por el organismo, de gran parte de las semanas de cine por países programadas periódicamente, exposiciones, y en el marco de la celebración del VIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en La Habana, presentó el 29 de julio al 5 de agosto el Festival Internacional de Cine Joven. Desde 1979 es sede principal del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y a partir de 1997 del Festival de Cine Francés.

En ocasión de la visita efectuada a Cuba por la actriz norteamericana Geraldine Chaplin, hija del genial creador del personaje de Charlot, la dirección del ICAIC decidió adoptar el nombre de Charles Chaplin para esta sala desde el 20 de julio de 1983. Así lo señala una tarja situada en el lobby «como homenaje a su obra artística y vida ejemplar». Con una muestra de cine español contemporáneo en enero de 1994, la Cinemateca de Cuba extendió su programación a la Sala de video Charlot, construida en la parte superior de la instalación. «La sala de video será de gran importancia, pues permitirá complementar los ciclos con títulos no disponibles en celuloide —señaló en su momento Antonio Mazón, programador de la institución—, así como llevar a cabo ciclos independientes y mostrar filmes rodados en este soporte. Tendrá dos funciones diarias, a las 5 p.m. y a las 8 p.m.»

Una década más tarde, en junio del 2003, el cine fue dotado de sonido digital gracias a una donación de la alcaldía de la ciudad de Fredrikstad, Noruega, al pueblo de la ciudad de La Habana.

El cine Charles Chaplin, una de las salas mejor equipadas y modernas de la isla, en el 2014 pasó a formar parte del circuito del Proyecto 23, el cual incluye los cines La Rampa, Yara, Riviera y el cine 23 (actual sede de la Cinemateca de Cuba) y el multicine Infanta en la calle del mismo nombre. Eventualmente, sigue siendo escenario para conciertos, ceremonias de entrega de los Premios Nacionales de Cine y presentaciones de grandes personalidades del cine cubano e internacional.

Pedro Urbezo




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